Cuarto aforismo: “Sólo el amor permite al goce condescender al deseo”

La apariencia de este aforismo es sencilla: nos ofrece una llave, y la única posible, para realizar un acomodo. Así debe leerse ese curioso verbo, condescender, utilizado aquí para indicar la transformación que vuelve al goce manejable en términos de deseo. Fórmula sencilla, sí, pero los tres conceptos que la jalonan son de tal calado que exigen ser tratados con cautela. El puerto al que un único operador nos puede conducir es el deseo, aquello que el psicoanálisis considera –siguiendo a Spinoza– el centro de la experiencia humana. Un centro bien paradójico porque su escritura se desdibuja a medida que nos aproximamos a él. Pero un centro al fin y al cabo, si lo comparamos con ese mundo mucho más incierto y ajeno por completo a la representación que es el goce. El problema que se plantea es, cómo transformar este mar de fondo que nos marea en el oleaje que nos impulse. Lacan no puede ser aquí más categórico: si la brújula del amor funciona, la transformación no cesará.

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Acerca de zacariasmarcopsicoanalista

Psicoanalista de orientación lacaniana que ejerce en Madrid
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