El tejido Joyce: epifanías

JJ_man_rayEn el siguiente enlace se puede ver la grabación en video de la intervención El tejido Joyce: epifanías, que se llevó a cabo en la sede de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de Madrid el 7/7/15  en el curso Lengüajes IV, organizado por Sergio Larriera.

A continuación está el artículo base de la intervención. No es la transcripción de la misma.

Enlace de la grabación en video: Clase primera: epifanías

 

Artículo base de la intervención: Epifanías en Joyce

Introducción

portada libro 2Siguiendo la propuesta que me brindó Sergio Larriera para hablaros de algún material sugerido a partir del trabajo que desarrollé en El tejido Joyce[1], se me ocurrió que podía relacionar las epifanías con los murmullos y, de esta manera, aprovechar para ampliar partes anteriormente trabajadas con el fin de poder ofreceros un material adicional al mismo. Pensé que las epifanías y los murmullos podían ser entendidos estando ubicados topológicamente en banda de Moebius, dos aparentes caras que no son tales pues existe una continuidad entre ellas. Hoy desarrollaré el tema de las epifanías en Joyce entendidas como un trabajo sobre los murmullos. En síntesis, la epifanía sería el ejemplo princeps de toda pirueta artística en Joyce, su matriz artística, resultado de su particular hacer con los murmullos para frenar una deriva francamente invasiva y que tendría un alcance devastador. Este modo de hacer con lo que queda escindido de la realidad sufrirá una evolución, pero aun cuando la abandone, su núcleo esencial seguirá funcionando como motor operativo en sus sucesivos saltos artísticos, incluido Ulises, incluido Finnegans Wake.

Poéticas de Joyce Umberto EcoLo que expondré hoy de alguna manera servirá de complemento a lo desarrollado en el capítulo tercero titulado De la fobia al arte. Allí estudio primero tres vaporosas y virginales fantasías de encuentro sexual que tiene el adolescente Stephen para, sobre esta base, poder analizar la concepción artística tal como es desplegada en la conversación que mantiene con Lynch en Retrato del artista adolescente[2], la conversación donde expone su manifiesto artístico, paralelo en importancia al alumbramiento del manifiesto ideológico que vendrá a continuación, en la conversación con Crany, poco antes de abandonar Dublín. Pero la novedad es que no partiré hoy de la conversación con Lynch sino del excepcional trabajo que realiza Umberto Eco en su libro Las poéticas de Joyce[3], concretamente a lo desplegado en su primer capítulo, El primer Joyce. Veremos entonces a Joyce desde Eco, yendo de la mano de su conocida erudición, con el objetivo de analizar no sólo los conceptos fundamentales, como la claritas, y el anclaje medieval, tomista, de Joyce, sino también para deducir la lógica que guía el trabajo de Eco. Confieso de entrada que nuestro objetivo será intentar entender la guía rectora por la que se decanta, para desmontarla después, o para ofrecer al menos otra lectura, valiéndonos del abordaje que hace Lacan en el Seminario 23. Considero a Eco imprescindible para situar las referencias dentro de una perspectiva epistemológica, pero no así dentro de la perspectiva del sujeto confrontado a la emergencia de un real, aquí entendido como encuentro traumático con algo descarnado de la lengua. Por ello iré insertando comentarios a la lectura de su texto. Mi manera de trabajar –de la que sólo me doy cuenta a posteriori– creo que obedece a dos lógicas distintas, por un lado sigue un análisis estructural para desentrañar la lógica interna del texto pero, por otro lado, creo que hace funcionar una lógica del no todo, una sensibilidad hacia el goce o, como decimos, hacia lo real. Desvelar esto creo que es importante para no llevarse a engaños sobre los resultados obtenidos.

Decía epifanías y murmullos en banda de Moebius porque, desde la perspectiva que seguimos, que es la de un sujeto que responde a las fracturas que lo constituyen, no podemos desprendernos del aspecto clínico, intentando aprehender lo que el poeta anticipa. Para desarrollar la parte más clínica traeré mañana a Louis Wolfson y su hacer con los murmullos que se le imponen. Wolfson, un escritor esquizofrénico, nos servirá de referencia fallida, fracasada, en ese hacer suyo intentando matar la lengua materna. Se trata entonces de tener presente un horizonte que podemos llamar ontológico. Allí situamos claramente a Descartes en un momento de cambio entre una concepción medieval y aquella que tras él marcará la modernidad. Se produce con él un modo de pensar que escinde el sujeto del objeto, que tendrá no sólo las conocidas repercusiones en el nacimiento de la ciencia moderna, sino también en las áreas más dispares. Baste como apunte una reflexión de Fernando Colina señalando ese momento histórico como el comienzo de la escisión mental que dará a luz a la patología esquizofrénica. Para Colina, la esquizofrenia no es pensable antes de la edad moderna, antes de que el hombre decidiera entregar media cabeza a la ciencia, resultado de abrazar una concepción que condena al ostracismo los sistemas de pensamiento que acogían la indiscernibilidad[4]. Resumiendo, la escisión sujeto objeto traerá consigo la escisión esquizofrénica. Dejaremos para mañana el fracaso artístico y científico del “protocolo” Wolfson y continuaremos ahora con las aportaciones del gran medievalista que es Eco. No olvidemos que realizó su tesis doctoral en 1956 sobre la teoría estética de Santo Tomás. De su mano intentaremos despejar la concepción artística de Joyce tensionada entre el mundo medieval y el modernismo. Veremos por cuál se decanta Eco.

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