Cómo trabajamos
Mediante la escucha individualizada.
Pero hay siempre que insistir en que esta escucha es una escucha única, especial, que el paciente no encuentra en otro lugar.
La escucha analítica sólo es posible en el marco de nuestra clínica gracias a la transferencia, una particular relación que el análisis permite y utiliza terapéuticamente. A través de los decires del paciente, lo que el analista escucha es la cadena de su articulación inconsciente.
¿Qué quiere esto decir?
Se trabaja con los decires que han formado el psiquismo del paciente. Somos seres de lenguaje. Disfrutamos y padecemos a través de él. De ahí proviene también el poder curativo de la palabra. Contar a alguien que escucha más allá de una posición de juez, porque él mismo ha hecho el trayecto de una cura analítica, hace algo más que aliviar, permite al sujeto abrirse a una relación más verdadera consigo mismo y con los demás.
¿A quién se atiende?
A nuestras consultas nos llegan adultos con su malestar propio, a los que atendemos directamente. También nos solicitan a veces por un problema surgido en la convivencia de pareja, por ejemplo los celos, que lleva frecuentemente a una solicitud por parte de los dos miembros de la pareja, en cuyo caso se atiende en función de la demanda, teniendo en cuenta siempre que el trabajo posterior se realizará con quien quiere, uno o los dos, hacer un trabajo para aliviar su sufrimiento.
Finalmente, nos llegan adultos que nos traen la preocupación por sus hijos. Atendemos tanto a niños como adolescentes cuando se hace necesario y haya consentimiento. La premisa es que ningún tratamiento se puede hacer sin el compromiso expreso del paciente, con independencia de su edad. Todo paciente es un sujeto de pleno derecho.