Labores de zapa
Labores de zapa, publicado en 1999, reúne una colección de textos escritos en prosa poética desde una particular geografía, un lugar íntimo, a la vez que extranjero. Lo encontramos en ese otro que aparece delante de nuestros ojos, devolviéndonos la mirada. Mirada que se lleva a sus quehaceres, cobrando una insospechada autonomía. Algo que alcanza a expresase apenas en: Tan extranjera como pudo, abrió en la calle galerías.
Caminamos por calles que son pentagramas, escritura en nuestra carne donde un pasado nos dice y nos canta, ante nuestra perplejidad, que nuestra pasión no coincide con nuestra historia, con el relato que nos hemos hecho de nuestra historia.
El libro consta de dos partes, una primera titulada Proposiciones en aleros, y una segunda, Falla de San Bernardo. A continuación, alguno de sus textos.
Frágil celosía
El verano era lo peor. La fragilidad que ve debajo de las ropas de las otras es en ella una insinuación que no quiere entender. Ha notado que ellas evitan cogerla por el antebrazo. Esto le ayuda. No saben cuánto lo agradece. Antes del retiro está más cerca de ellas y lo aprovecha cantando mejor. Da furiosamente su agua al mar. Ocurre lo mismo en su cuarto. Cuando todavía de día en verano cierra la puerta, encuentra un vergel. ¿Su castigo es el vergel de antes del anochecer? Pero si es el mundo que viene como polizón a su cuarto. Suda ante lo que ve. Cuanto más recoge con horquillas su pelo, más se podrían peinar las cuatro paredes de su celda. Cierra los ojos y se encienden las luces del baile. Y todavía es peor lo que escucha. El mar terminó por hacerse llevadero, pero ahora son las niñas. Juegan tras la celosía. Están ahí. No son ensoñaciones como bien pudieran serlo todo lo demás. Hasta media hora, media hora larga, que vienen a recogerlas. Piensa al acostarse que también ellas han agotado el sol con rabia. Y después, que eso, ante la entrega, carece de importancia.
Los remedios de ella
Con letra de niña y tinta a prueba de sol y de tormentas, le pide perdón, Debió de ser grave para decidirse a escribir sobre la acera. De lado a lado. Lo que dije sobre ti no es verdad. Esta es la primera frase que lee. Había salido él esa mañana con la carga y el plástico necesario. Iba a lo suyo, a depositarla al final del pasillo, cuando sigue y encuentra un segundo mensaje. Dos líneas, variaciones mínimas. Lo que conté es mentira, dice esta vez. Un colegio por aquí cerca. ¿Habrá mas mensajes? Los hay. No es cierto aquello que dije, es la nueva variación, insustancial, si se quiere, pero lo mas sencillo era repetir y no es esto lo que hizo. Se queda ante esta tercera frase. Esa letra tan suelta le desarma. Y no son para él. La niña se los ha escrito a una amiga. A cielo abierto. Este último lo encabeza con su nombre. Tras una noche así no había tenido dudas, salió a dejarla, y ahora…
... en direcciones de canto
Ocurre con el viento que cantas
que quiebras la calle San Bernardo
y dejas el suelo zigzagueando
En tu proximidad como niña veo el aire irse, saltas la cuerda sin entrar y lo tomas en el centro. Un ímpetu sin embargo estático, aspirado. Previo a un inclinarse, a su desorden, a un movimiento donde esa esfera se hace en transgresión. Salta y aspira antes del cambio, de una inflexión en esta compañía que silencia y rompe, que te esparce…
La falda es vertido de memoria que altera tapando tus muslos. Aléjate y vuelve, vuelve y los forma.
No te digo que te escucho esta tarde, y es como por las noches, que te escucho entera.
Me parecio ver indecisión, pero luego, tan decidida entraste, la sombra azulada de debajo de tus ojos clareo. En la carrera de una media liberas tu herida. Mucho llevas callando y quisiera, escuchándote, que oyeras tu canto.
Devuelves las líneas que se cruzan en tu pecho y paralelo a ellas, en la esquina con Pez, al cuerpo haces viento.
Desapuntala
Alfombro memorias con el azufre de tu pelo
El balcón de las crasas
la casa de fractura polifónica
en un altillo donde se terminó por ir el granate, la cama
una habitación donde alguien desanuda sus zapatos
despega los talones
siente suelto su cuerpo
Sentada en la cama mira el balcón
la punta de la brasa que miro
desde el terreno de las fallas que imaginé eras tú
No hay necesidad, no, de tanto soporte
desapuntala, me dices, cuando chilles sobre la alfombra
Hoy te has adelantado y temo por tu boca a todos
quiero que salgas, que salgas a la calle
que aguardes a la falla
que veamos lo que se ve
