Sobre la posición del analista

Publicado para la Conversación Clínica de Barcelona, marzo 2017. Pinchar aquí.

Pregunta de Mari Cruz Alba  

Tras la introducción del pase, en un pequeño texto llamado La equivocación del sujeto supuesto saber, (1967) Lacan  saca a relucir la cuestión del escapismo (fr: méprise) del sujeto supuesto saber. Si, para Lacan, el analista está determinado por algo que escapa, determinación que se encuentra tanto en su práctica como en su posición subjetiva, ¿cómo se conjuga la presencia del analista con el “escapismo” del sujeto supuesto saber?

Respuesta de Zacarías Marco

La paradoja a la que alude la pregunta, cómo podemos hablar de presencia del analista cuando todo lo concerniente al sujeto supuesto saber está bajo la sospecha de la indeterminación, de lo inatrapable, creo que queda despejada si se tiene en cuenta la estructura, en sí misma también paradójica, que afecta al sujeto en el acto psicoanalítico.

En un texto en el que, quizás debido a la audiencia no especializada a la que se dirige, Lacan se centra en desplegar la especificidad propia del psicoanálisis, nos recuerda un punto capital, la aporía que funda su acto, la aporía que funda el acto psicoanalítico, donde el objeto es activo y el sujeto subvertido. Dicho de otra manera, el psicoanálisis, que es una práctica, se funda en no esquivar la relación con aquello que, por implicar el goce del sujeto, lo trastorna como sujeto. Por tanto, no sólo viene a desvelar un hecho de estructura sino que, en vez de sustraerse mediante un relleno de saber de aquello que hace falla, se somete a él.

Más adelante, en las páginas finales de esta conferencia, Lacan nos lo ilustra recordando la distinción que hizo Pascal entre el dios de los filósofos y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Se trata, nuevamente, de distinguir el registro que articula el psicoanálisis, donde la posición del analista ha de inscribirse en lo real, y de ahí su vinculación al objeto, del registro que opera en la filosofía, que es el que opera en el saber, y que incluye por tanto el del sujeto supuesto saber, un discurso que, por escamotear lo que el objeto agujerea, queda reducido a lo imaginario.

Cuando decimos que el analista está, en el acto analítico, en posición de objeto, significa que encarna la estructura que lo determina. El analista encarna la lógica de un descentramiento como sujeto, de ahí que su lugar sea un no lugar, una atopía, pues no puede estar allí como sujeto, como sujeto de una acción o de un pensamiento, donde no podría evitar aportar sus soluciones fantasmáticas, su construcción de sentido. El analista no puede estar en el lugar del saber puesto que allí el objeto falta a su cita. Y desde esta atopía a la que él se debe no hay sujeto de un acto logrado, de ahí que no pueda haber una interpretación lograda, concordante con un saber (algo que también Bion subrayaba). De ahí que sólo pueda ser lograda en tanto fallida, en tanto fruto de la lógica de descentramiento donde el analista se inscribe. Y ahí no hay escape, o no debe haberlo. Creo que llamamos presencia del analista cuando existe este anclaje efectivo en la estructura, esta inscripción, como dice Lacan, en lo real.

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