Reseña de la presentación en Cruce.   

El tejido Joyce se presentó en la Asociación cultural Cruce el 30 de abril de 2015.

Isidro Herrera, editor del libro y miembro fundador de Cruce, empezó provocativamente recordando su conocida antipatía por el psicoanálisis lacaniano para destacar a continuación su sorpresa por la lectura de este texto. Señaló que era la primera vez que se había sentido cautivado por un desarrollo lacaniano, al punto de entenderlo y recomendar vivamente la lectura de la parte más teórica del mismo, ya que ofrece al lector una extraordinaria síntesis que facilita enormemente el acercamiento.

Aparte de esta sección, destacó del libro además de la libertad en su composición y la belleza de su escritura, la meticulosidad del trabajo realizado en los múltiples temas que va desgranando. Señaló lo grato que era para él publicar este libro, el libro de un amigo, con la ilusión de continuar esta tarea de editor con otros trabajos de amigos, que contribuyeran a un diálogo con los escritores, ya numerosos, que pueblan su editorial.

tejido Joyce cruce psicoanálisis lacaniano madridPara ilustrar la dedicación y el gusto por el detalle de la escritura de Zacarías contó varios detalles “entre bambalinas” de la edición del libro, anécdotas fruto del azar que el trabajo de eliminación de erratas trajo consigo. Se centró en dos detalles que mostró al público. Recordó su advertencia al autor de que por muchas vueltas que diera al texto, la errata maldita los estaba esperando una vez publicado el libro. Pensó, feliz, haberse equivocado cuando Zacarías localizó una amenazante errata en el nombre de Lacan en la contraportada del libro. Pero la errata esperaba, y por partida doble. Cuando mostró el libro recién editado al autor, en seguida éste detectó que el número del depósito legal no constaba. Ante la desesperación de Isidro, Zacarías reaccionó con calma: No importa, haremos un sello. Y con meticulosidad fue añadiendo con el sello el número del depósito. Contentos ambos por haber sorteado la prueba, llegó la segunda y verdadera errata, que afectaba al título de una sección y al concepto clave del acercamiento lacaniano a Joyce: la palabra SINTHOME aparecía encabezando la sección como SYNTHOME. Pocos días después Zacarías expresó su propósito de corregir, ejemplar por ejemplar, la fatídica “Y” por la necesaria “I”, de tal manera que pasara inadvertida para el lector… animando a los presentes a hacer dicha comprobación.

Finalmente, antes de dar la palabra al resto de ponentes, destacó el valor de pensamiento que tienen varias de las secciones del texto, en particular la titulada Tercera Tirada, de la que dijo que si el libro sólo constara de ella, merecería ser publicado.

A continuación tomó la palabra Hugo Savino, que empezó contando cómo recibió el manuscrito por parte de Zacarías. Le había dicho que había escrito “algo” sobre Joyce y esperaba por ello recibir un artículo. Para su sorpresa, se trataba, en realidad, de un libro. Y puntualizó a continuación que no se trata de un libro sobre Joyce, sino de un libro escrito con Joyce, una matización del todo esencial que iría desgranando a lo largo de su intervención. Un libro escrito sin soportes, sin red, dejando de lado el saber para intervenir con toda la libertad creativa en él. Zacarías Marco lee a Joyce desde el interior para poder pensarlo, mostrando que Retrato es un poema que puede leerse como un poema de un pensamiento. Señaló que Zacarías, en su aventura con Joyce, se inventa una escritura, y citó como soporte algún pasaje del libro. Habló de la belleza que contiene esta escritura, fruto de una lectura llena de pliegues. Zacarías sigue a Joyce en su particularidad poniendo a trabajar la fuerza del detalle, y recordó cómo el sí de Molly pone a bailar el texto.

Citó un pequeño pasaje sobre la relación de Joyce con la escritura y su manera de involucrar al lector: “El sistema de entregas por capítulo, algo que muestra hasta qué punto Joyce no podía prescindir de la respiración asistida del  lector para continuar escribiendo. La vida va a ser rescatada por la obra, el arte es el encargado de sustanciar la existencia. Y aquí, la validación del testigo es del todo necesaria.”

Finalmente destacó que Zacarías supo evitar caer en la idolatría hacia el texto joyceano. En vez de apilar joycismos, se puso a recorrer el laberinto Joyce, por eso, podríamos decir que en vez de leer a Joyce, leyó Joyce, como quien dice leer intensamente, leer apasionadamente. Leer a la manera de Joyce. Y terminó diciendo que el fragmento Los Dados era, para él, un poema de lectura. Leer como lee Zacarías es una apuesta a cambiar nuestros hábitos de lectura. Aceptarla es una aventura en el lenguaje.

A continuación tomó la palabra Fernando Carbonel que leyó una intervención marcada por un elevado tono poético. Destacó primero en encuentro con el azar en los textos de Joyce… y también en los de Zacarías. Habló de esas circunstancias exteriores que permanecen adheridas al texto, alimentándolo, que crecen con él y lo transforman, que lo hacen y lo deshacen, formando parte tanto de su forma como de su contenido. Una literatura particular, también la de Zacarías, que no se detiene en sus letras, que abarca también sus palabras y sus acciones. Relató a continuación alguna anécdota del encuentro con Zacarías, hace años, en torno a la lógica del “sí” de Molly Bloom.

Después introdujo a la sala en el relato de su lectura del texto, una lectura que empezó siendo nocturna, en medio de un temporal. Así, de manera casi onírica, fue intercalando recuerdos de traducciones suyas de poemas del joven Joyce, –como aquel de Oigo un ejército, que provocaría la admiración de Ezra Pound, quien le reclamaba que siguiera escribiendo con ese estilo épico que pronto dejaría de lado–, y otras anécdotas, para converger finalmente en la estructura del texto. Lo que al principio se aparecía como azar, de pronto el libro los orquestaba. No se trataba entonces de una sucesión de conceptos, de objetos o de sujetos, se trataba de otra cosa: lo que Zacarías despliega son dimensiones. Así como Carroll nos hace atravesar el espejo y vivir y encontrar con Alicia seres peculiares, El tejido Joyce se organiza también en cuadrículas por donde nos movemos a la vez espacial y temporalmente. Así, Fernando Carbonel dijo que en este libro aparece un remanso de paisajes de cosas, y causas, donde el autor analiza, describe y razona detalles, vicisitudes, formas y hechos del texto o de la vida de Joyce, como si paseara, unos momentos, por el fondo seco del mar de donde el vórtice se levantó y… al fondo, sigue subiendo y girando… Y continuó en un creciente tono poético destacando el papel de Joyce en la literatura de vanguardia, como buen heredero de los bardos irlandeses.

A continuación se abrió un participativo debate donde el autor respondió a varias preguntas de los presentes, antes de trasladar la reunión al bar de la esquina, como es costumbre en el Grupo de pensamiento contemporáneo.

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