Presentación de Fernando Carbonel.

SOBRE  JOYCE  Y  ZACARÍAS.

Buenas tardes.

Hay un tipo de literatura, muy peculiar:

Se caracteriza, por estar compuesta, no sólo por las letras, de su texto, sino también por elementos, detalles, acontecimientos, hechos, anécdotas, deseos, sensaciones, personas, animales o cosas… u otras letras, sonidos, silencios… del contexto…  y del entorno, cercano o lejano, en el que se lee o se relee o se piensa o se recuerda…   elementos provenientes del pasado… ¡o del futuro! …

Circunstancias  exteriores a las letras del texto, y azarosas…  Que permanecen, sin embargo, adheridas al texto, lo alimentan, y crecen con él, y evolucionan… lo transforman… Y haciéndolo y deshaciéndolo, participan, tanto en su forma, como en su contenido o mensaje esenciales…

Así son los escritos que conozco de James Joyce… Y de Zacarías Marco.

Me sugería Zacarías, amablemente, que en esta intervención, ahora, no me extendiera mucho,  ni estudiara mucho el libro que presentamos,  ni lo contara.  Ni dijera mucho… Que convenía dejar eso para  la discusión, si la hay, y, sobre todo, para el momento de leerlo, cada cual, después…

Pero esa característica, que antes dije, de los escritos de Joyce,  y de Zacarías,  me protege, me impide decir mucho, incluso  decir algo, de lo que vosotros entendáis o viváis, del libro al leerlo. Porque lo que yo pueda decir de él, compuesto, integrado,  por las anécdotas, deseos personales, los sonidos o silencios del momento en que lo leí o lo recordé, elementos exteriores a las letras del texto, y azarosos,  procedentes de mi pasado… y de mi futuro… ¡muy! probablemente difieran de los que vuestra lectura os deparará.

La característica referida,  de esa literatura peculiar,  en el caso de Zacarías, no sólo la tienen sus letras. También, algunas veces, sus palabras, y sus acciones.

Conocí a Zacarías a través de 2 de esas ocasiones:

En la primera, yo estaba aquellos días formulando, haciéndome una idea, de lo que era para mí entonces, si no mi pensamiento, al menos, el pensamiento ideal. Y aquella tarde de verano… Zacarías hizo, no sé en qué contexto, una precisa, breve, gráfica y elocuente descripción del mismo, pero hablando de lo que, decía él, era el pensamiento, si puede llamarse así, paranoico.

La segunda ocasión, fue al oirle desarrollar, con nitidez de teorema, la lógica del “Sí” de Molly Bloom, con que termina el Ulises. Y lo hizo con la misma forma, detallada y precisa, del “Sí” que Ignacio de Loyola construye y propone en sus Ejercicios Espirituales.

*         *          *

Cuando, hace unos días, iba a empezar a leer El tejido Joyce, yo estaba, casualmente, pasando unos días a la orilla del mar…

Yo, que duermo bien, aquella noche… me desperté y no me podía dormir. Había un fuerte temporal, y el viento silbaba y silbaba por las rendijas. Me metí, a oscuras, para no despertar, en el cuarto de baño, encendí a tientas el ordenador, y empecé, en lo negro a leer, el libro. A lo lejos, las olas atronaban. Y sonaban, en sus superpuestos rugidos, olas detrás de olas, a aquel poema del joven Joyce, Oigo un ejército, que traduje, hace años, para una edición de Kevin Power en la editorial Trieste. Al cabo de unas horas, de meditación y lectura, me fui durmiendo y me acosté. Lo mismo, pasó la noche siguiente. Y la siguiente. Y seguía, en mitad de la noche, oyendo…

 

un ejército … cargar sobre la tierra;

y el trueno de los caballos precipitarse

… mientras avanzaba, rodeado de tempestad, en la lectura de El tejido Joyce.

En la correspondencia entre Joyce y Pound, resulta tierna la insistencia en que Pound le pide a Joyce poemas como Oigo un ejército, que tanto satisfacía el ideal poético de Pound. Y Joyce le mandaba capítulos del Ulises, en ciernes, y Pound le decía: “Sí está muy bien, pero… ¿no tendrás algún otro poema como Oigo un ejército? Y lo mismo más tarde, cuando escribía el Finnegans Wake.

Y el trueno de los caballos precipitarse; espuma en las rodillas.

Y en un momento…  me pareció advertir un recurso de Zacarías para elaborar el  tipo de literatura tan peculiar, que antes dije, y convocar todas aquellas circunstancias exteriores, y azarosas, tantos recuerdos propios y tantos proyectos, que, ya entonces… venían de fuera del libro y el libro los orquestaba.

Y ese recurso es que, más que conceptos, objetos, o sujetos… Zacarías despliega…  dimensiones. Con gran sencillez. Por ejemplo, en El tejido Joyce, plantea, y despliega, cuadrículas. Y, durante todo el libro, vamos a estar siempre, en una, o en varias, cuadrículas. Y ahí, a las cuadrículas vacías, llegan, y se van colocando… los conceptos, los objetos, los sujetos, las sugerencias, y también… lo no dicho, y todo, lo que viene de fuera del libro. Y flota, se recoloca, y se mueve. Y nos movemos, de cuando en cuando, de una cuadrícula a otra.

Es así también, como… Carroll  nos hace…  atravesar el espejo… y vivir y encontrar, allí, seres peculiares, con Alicia. En un tablero, con cuadrículas, espacios y tiempos. Pero espacios y tiempos muy muy peculiares.

Y ahí, donde se va a entretejer el tejido Joyce, también los espacios y los tiempos van a ser muy peculiares. Todo, un todo sumamente heterogéneo… Mitos, fobias, personas, lugares… citas… palabras, esperanzas, rupturas, etc. etc. … vienen de dentro, y de fuera del libro… a disponerse en una dimensión trasversal, quizá vertical, como en una espiral, donde se va levantando, haciéndose y deshaciéndose, la vocación, el destino… lo que aquí se llama, el tejido…  Joyce.

 

Vienen de dentro del mar y corren dando voces por la orilla.

De cuando en cuando, como si fuera más allá, o más acá, del Maelstrom creativo y destructivo, que Zacarías (si me permiten usar una palabra que no existe)  perfigura …   aparece en su texto un remanso de paisajes de cosas, y causas, donde él analiza friamente. Describe y razona detalles, vicisitudes, formas y hechos del texto o de la vida de Joyce, como si paseara, unos momentos, por el fondo seco del mar de donde el vórtice se levantó y… al fondo, sigue subiendo y girando.

Pero al tirar, un golpe de dados, y movernos entre las cuadrículas de Carroll, estamos en un mundo virtualmente sin fin, en el que Memoria y Tradición se unen y se hunden. Lo que por allí viene, viene de muy lejos: … de la dominación inglesa, del catolicismo, de todo el catolicismo, herejías incluidas… Y por allí, la figura, varias veces, de Giordano Bruno no es casual. Por allí, como en Bruno,  Mundo,  Memoria  y  Magia  se espejean. Y el espejo, de Carroll, se multiplica…

Y así, Dublín es un lugar bruniano de la memoria, como quizá no pudiera haberlo sido si Joyce no se hubiera exilado de allí. Y en los lugares brunianos de la memoria, por los infiernos del alma, aparecen y desaparecen muchas cosas. Son lugares del… pasado… y del futuro…

¿por qué me has dejado solo?

También por allí viene… una tradición muy larga y oscura:

El papel de Joyce en la literatura de vanguardia del siglo XX ha distraído de su papel dentro de la larga y oscura tradición poética y musical de los bardos irlandeses… quizá la poesía más antigua de Europa que nos ha llegado.

Cuando… la alondra, las culpas, los olorosos puerros… las citas, después de la muerte… La mágica hueste…  en una llanura, sólo visible a los ojos abiertos bajo las olas del mar… O ése que canta

Soy el loco, el demente.

Cuando la noche viene no descanso.

 

O ése que termina:

Ido ya Carroll, ¿quién habrá  de  tenerte en su lecho?

¡No te verás olvidada, hasta que alcances la casa

donde  habita Finn,  el de los grandes festines,

y allí te dirán bienvenida!

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