Presentación de Hugo Savino.

Notas para la presentación El tejido Joyce.

El encuentro con este libro.

Joyce como Santo – Gorman. Cuando Gorman habló de un proyecto de biografía Joyce le pidió que lo hiciera en el sentido de una vida de santo. Así que recibí el libro con la alegría de quien va a leer algo sobre su santo preferido. Pero no era un libro más. Era superlativo. No era una hagiografía. Era una lectura. Una precisión de Retrato, que tenía ante mí, ahí, para hacer y deshacer joyceanamente el sentido. Que se hace y deshace.

Así que retomo un poco lo que ya dije en la contra-tapa – el libro de Zacarías Marco tiene mucho o todo de lo intempestivo. No escribe un libro sobre Joyce – escribe un libro con Joyce. Sin soportes. Sin red. Dejando de lado el saber – todos sabemos la ignorancia que ocultan los saberes adquiridos o fijados, si uno no los deja en el armario.

Zacarías Marco, a mi modo de ver, escribe con Joyce, y a la vez lo lee desde el interior para poder pensarlo. Y escribe en español con Joyce en inglés y en traducción. Y muestra que un poema – en este caso el Retrato es uno- es también poema de un pensamiento. El que piensa, si piensa, inventa un pensamiento. El que escribe, piensa. Zacarías se inventa una escritura. Su Joyce es como un cuadro, en el que el sentido se hace y se deshace. Cita: “ver a Bloom, ese otro Ulises, como un personaje cómico o patético sería falsear, hacer monocromo un retrato que es todo color y que está hecho de una sucesión de retratos que se espejean unos a otros en los más variados estilos”. Desde mi punto de vista, ahí está la belleza de este libro. No vacilo en poner ese adjetivo. En esta lectura llena de pliegues. Si Joyce no se enojara evocaríamos el hojaldrado de Proust. Pero, mejor no. Proust se dedicó a las doncellas, Joyce a las domésticas. No juntarlos, aquí.

Zacarías pone a trabajar la fuerza del detalle – todo el libro es mosaico de micro-historias: del apellido Joyce y las numerosas alusiones bíblicas hasta Molly, la mujer que dice sí – y ese sí – que “es el que hace bailar el texto”  – Zacarías  lo desanda  y lo hace funcionar. Zacarías hace funcionar los detalles – otra fuerza del libro. Saussure: “buscamos el origen y encontramos el funcionamiento.”

Y como una lectura también, creo, es un modo de subjetivación máxima, Zacarías subjetiva su lectura. Sigue a Joyce en su particularidad. Leerá su sello personal, su marca de la casa. Para usar sus palabras. Pero como lo lee desde el interior, su lectura no separa lenguaje poético de lenguaje ordinario. Zacarías lee a ese Joyce, el que no diferenciaba lenguaje poético de lenguaje ordinario.  También me gusta su libro porque saca a Joyce del realismo – el realismo presupone una relación continua entre la palabra y lo que designa. Joyce, al contrario, toma las palabras como nombres puestos sobre las cosas.

Zacarías cita la definición de epifanía – y soy de la idea de que citar es escribir, así que define epifanía con Joyce, en palabras de Joyce sacadas del Stephen, el héroe y la hace suya: “Por epifanía entendía una súbita manifestación, bien sea en la vulgaridad de lenguaje y gesto o en una frase memorable de la propia mente. Creía que le tocaba al hombre de letras registrar esas epifanías con extremo cuidado, visto que ellas mismas son los momentos más delicados y evanescentes”.

Lee todo el tramado de vida y obra en Joyce. Y cómo, de qué manera Joyce se inventa como artefacto artístico. Yo agregaría: como poema.

Este particularismo este detalle, de Joyce que destaca Zacarías: cito: el sistema de entregas por capítulo, algo que muestra hasta qué punto Joyce no podía prescindir de la respiración asistida del  lector para continuar escribiendo. La vida va a ser rescatada por la obra, el arte es el encargado de sustanciar la existencia. Y aquí, la validación del testigo es del todo necesaria. (El Tejido Joyce, páginas 9-10).

Otro rasgo que me atrapó del libro de Zacarías: que su lectura es a contra-idolatría del texto joyceano. Hay un culto de la obra de Joyce que Zacarías supo evitar. Por mera posición de escucha. Simplemente, pero no es tan obvio, lo evitó porque en lugar de apilar joycismos se puso a recorrer el laberinto Joyce. Así que ya podemos decir que leer desde el interior es tratar el nombre de autor como un adverbio- o sea Zacarías no leyó a Joyce, sino que leyó Joyce. Como quien dice leer intensamente, leer apasionadamente. Leer a la manera de Joyce. Y además se encomendó a los dados (ibid., p. 24). Su fragmento Los Dados (ibid., p. 24-25), es para mí, un poema de lectura. Una propuesta a leer con eso dados.

“Componer no es poca cosa es poner en forma” (Joèlle Léandre)

Leer contra la idolatría: que es “culto que se le rinde a una obra humana.” (Maimónides). A Joyce, justamente, que no fue para nada idólatra. La lectura de Zacarías es una lectura de un máximo de subjetivación. Por eso es nueva. Hacia un movimiento interior  que no separa, como dije, entre lenguaje ordinario y lenguaje poético, sonido y sentido, tampoco separa concepto y afecto – Zacarías leyó desde el interior para transformar el exterior de nuestra percepción de Joyce. Y entonces, creo, por esa vía, nadie lee sin escribir. La implicación es recíproca. Leer como lee Zacarías es una apuesta a cambiar nuestros hábitos de lectura. Creo que aceptarla es una aventura en el lenguaje.

Hugo Savino

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